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El padre Garralda denuncia que "hay que sacar a los niños" que viven en las cárceles españolas "cuanto antes"

11 de julio de 2007

Doscientos menores de tres años viven en las ocho cárceles españolas que tienen módulos adaptados para la convivencia entre madres e hijos

EUROPA PRESS.- El padre Jaime Garralda, fundador de la ONG que lleva su apellido, denunció que "hay que sacar a los niños" menores de tres años que viven con sus madres reclusas en las cárceles españolas "cuanto antes" porque la permanencia en estos centros "condiciona toda su personalidad" a futuro y les acarrea serias "carencias".

En declaraciones a Europa Press este martes, Garralda recordó que en la actualidad, doscientos niños menores de tres años viven en las ocho cárceles españolas que tienen módulos adaptados para la convivencia entre madres e hijos, lo que resulta perjudicial para los bebés porque carecen de más estímulo que "el hormigón y la valla".

"No sé como a la gente no se le cae la cara de vergüenza al saber que tenemos en esas condiciones a estos niños, aquí, en España", denunció Garralda, para quien "es una bestialidad someterles a esa presión durante los primeros años de su vida" en los que "se les ve gateando al lado de muros, alambradas y policías armados como si fueran a escaparse".

Según explicó el sacerdote, los tres primeros años de vida condicionan, en primer lugar, la percepción que tiene sobre su madre allí dentro ésta "no trabaja para el niño; no tiene autoridad porque está sometida a la funcionaria y su hijo la ve agachar la cabeza, y no juega lo suficiente con el niño ya que no están para juegos".

Asimismo, el niño se desarrolla en estos primeros años sin más estímulo que "la presión de dos mil personas allí dentro" y los "muros" ya que "no ven un coche, ni a otra gente, hombres, árboles, pájaros" etc porque "no hay nada". También desarrollan carencias afectivas por la falta de relación con otros parientes distintos de la madre, explicó Garralda a Europa Press.

Es por este motivo que tiene especial relevancia la labor de la fundación, que se ocupa de sacar a estos niños al exterior organizando campamentos de verano, excursiones y salidas de fin de semana. Además, apuntó el sacerdote, "hacemos fiestas de cumpleaños para los niños dentro de la prisión, celebramos las Navidades, los carnavales y todo lo demás para normalizar su situación en lo posible".

Sin embargo, lo que hace falta, según el sacerdote, es la construcción de centros especiales para el internamiento de las reclusas con hijos, que se parezcan más "a un hogar normalizado" que a una cárcel. En este sentido, recordó que la fundación dispone de "un centro más pequeño" para la acogida de "las mujeres que tienen un buen comportamiento" en prisión.

Estas mujeres reciben autorización por parte de Instituciones Penitenciarias y pasan a residir en las instalaciones de la Fundación Garralda-Horizontes Abiertos. "Ya no es la cárcel, es una vida normal de familia. La madre trabaja en el centro penitenciario y el niño va a la guardería. A la vuelta se encuentran, como en cualquier familia normalizada, en una casa, con menos gente y un trato humano, sin la presión de una cárcel gigante con dos mil personas rodeándole".

"Es cárcel pero en otro hábitat, en un pueblo y de forma normalizada. Algunas madres tienen mal comportamiento y no las podemos sacar antes de que acaben la condena pero cuando salen libres tenemos un programa de acogida para ellas y sus hijos", apostilló el sacerdote.

CENTROS ADAPTADOS.

Es este el tipo de proyectos en los que cree la fundación y que, según informó Garralda, va a poner en marcha la Dirección General de Instituciones Penitenciarias "que ya está construyendo un centro especial en Madrid donde la madre estará retenida pero el niño libre". Se trata, en definitiva de "sacar a todos los niños de la cárcel".

Mientras tanto, la fundación, por decimotercer año consecutivo, ha puesto en marcha estos días un campamento de verano para madres reclusas y sus hijos, que se alojan por un par de semanas en "una casa muy grande de las Hermanas del Sagrado Corazón que tiene un jardín enorme con piscina" en la provincia de Soria, apuntó Garralda.

"Son unos sesenta niños y cuarenta madres además de unos setenta voluntarios y aquello parece un pueblo de veraneo: mientras las madres hacen sus cosas los niños están por allí jugando tranquilamente" y participando en las actividades formativas y lúdicas que voluntarios y pedagogos han preparado para ellos, explicó.

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