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Salamanca

Así es el trabajo en la cárcel de Topas. Un tercio de los presos cotiza a la Seguridad Social

28 de marzo de 2019

De los 690 internos, 212 están cobrando por el trabajo que realizan en los distintos talleres del penal

LA GACETA DE SALAMANCA (G.M.).-  Un tercio de la población reclusa del centro penitenciario de Topas cuenta con una nómina y cotiza a la Seguridad Social gracias a las actividades y talleres productivos con los que cuenta la prisión salmantina. Según los datos proporcionados por la dirección del centro, de los 690 internos que a día de ayer ocupaban los muros del penal, incluyendo los CIS de Salamanca y Zamora, 212 están dados de alta en la Seguridad Social y cobran un salario por los servicios que ofrecen en la prisión, lo que supone un 30,7% del total de internos.

Para la selección de los trabajadores, el centro trabaja a través de una bolsa de trabajo. Es decir, los internos que quieran tener un trabajo productivo lo solicitan mediante instancia, sus nombres se derivan a la bolsa de empleo y en función de los criterios de prelación que establece el Real Decreto que regula la Relación Laboral, la Junta de Tratamiento adjudica los puestos. “Para ellos desarrollar un trabajo así es importantísimo. Primero porque está ocupado. Segundo porque tiene unas retribuciones económicas y tercero porque les supone beneficios penitenciarios. Para ellos es estimulante”, afirma el actual director de la cárcel de Topas, Carlos García García. Así, asegura que en la mayoría de los casos los presos que realizan estos trabajos tienen buena conducta y por lo tanto ausencia de incidentes disciplinarios, lo que es positivo para el reo de cara a permisos, progresiones de grado, concesión de libertad condicional, etcétera.

En cuanto al salario, la población de Topas, explica José Manuel Sánchez Martín, coordinador territorial de Castilla y León de la Entidad Estatal de Derecho Público Trabajo Penitenciario y Formación para el Empleo, tiene su retribución conforme al Salario Mínimo Interprofesional. “Varía mucho, no es lo mismo que uno trabaje en un taller únicamente por las mañanas que lo haga mañana y tarde”, afirma. Por ejemplo, un empleado de cocina gana al mes entre 300 y 400 euros aproximadamente.

En concreto, el centro penitenciario de Topas, como ha podido ver LA GACETA, cuenta con un polígono anexo en el que actualmente se realizan un total de cinco talleres productivos: corte y confección, cuerdas para colgar jamones, envasados de productos de ferretería, el de sillas de montar a caballo y el recién estrenado reciclaje de componentes electrónicos gracias a la colaboración con la empresa Recytronica de Valladolid, que proporcionará a 6 internos durante un año el material necesario para el desmonte y reciclaje de torres de ordenador y routers. A ellos hay que sumar otras actividades internas del centro por las que también cotizan en la Seguridad Social como pueden ser cocina, actividades de mantenimiento, panadería o jardinería. “Está muy bien porque luego cuando salimos de aquí tenemos un colchón”, comenta uno de los internos.

En cuanto a la seguridad que existe en estos talleres, desde la dirección del centro aseguran que siempre hay un funcionario de prisiones vigilante y que al terminar cada jornada laboral los presos tienen que pasar por un detector para evitar que se lleven herramientas al interior de la prisión, además de los cacheos a los que son sometidos.

Ahmed Hlihal (Condenado por homicidio): “Llevo 14 años y esto ayuda a olvidarte de todo”

Él alegó defensa propia pero el Juzgado de Instrucción número Uno de San Sebastián no le creyó y le condenó a 18 años de prisión por un homicidio que cometió el 3 de abril de 2005. Tan solo dos días después pisó la primera cárcel y hoy son ya 14 los años que el marroquí Ahmed Hlihal lleva entre rejas, 7 de ellos en el centro penitenciario de Topas.

“Esto te ayuda a olvidarte de todo, se te pasa el tiempo rápidamente y no te molesta nadie. Además hablas con los compañeros y entre nosotros hay muy buen rollo”, asegura mientras que plancha una de las telas que servirán de uniforme a las internas. Decidió apuntarse a este taller de corte y confección hace un año y dos meses y dice estar “encantado”. “Yo siempre he trabajado en el campo, la verdad que no tenía ni idea de hacer nada de esto”.

Hlihal, de 45 años y nacido en Tánger, afirma que no hay nada mejor que trabajar en prisión para “estar tranquilo y que no te moleste nadie”. De hecho, él decidió hacerlo a pesar de un accidente laboral que tuvo en Bilbao y que pudo poner fin a su vida laboral. “Cortando un tronco un compañero me dio con la motosierra y tengo la pierna izquierda dormida”.

Juan José Calvo (Condenado por robos): “Nos quitamos la adrenalina a martillazos”

En plena faena, le pillamos a golpes con un router. No es por gusto, sino como parte de una de las muchas labores que realiza dentro del recién estrenado taller de reciclaje de componentes electrónicos, un trabajo que lleva realizando dos semanas y que le viene muy bien, asegura, para salir de la “desidia”. “Nos quitamos la adrenalina a martillazos”, afirma.

Y es que Juan José Calvo, después de cumplir una condena anterior de 16 años, ha vuelto a la cárcel de Topas por robos y cuenta que los días en la prisión son muy largos. “Por lo menos no estás todo el día encerrado”. Por ello en su etapa anterior se metió a hacer labores de mantenimiento y reciclaje y ahora ha decidido probar suerte en este nuevo taller. “Ya no solo por los beneficios penitenciarios sino también por los económicos. Aquí estamos dados de alta en la Seguridad Social, cobras, cotizas, y al salir tienes algo de paro”, cuenta. “Si no estuviera aquí pasaría los días del patio a la celda y de la celda al patio”, cuenta este interno del Módulo 14, un área conocida como “de respeto” en el que no suelen producirse agresiones físicas ni verbales. 

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