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La condena invisible tras la cárcel

2 de enero de 2018

La entidad social Grec celebra 30 años de trabajo, uno de sus proyectos es el de ayudar a las personas que salen de prisión

DIARIODEMALLORCA.ES – (MARC FERRA PALMA).- Muchas de las personas que terminan una condena de cárcel se encuentran con las dificultades de recuperar su vida y autonomía tras un tiempo recluidos en un centro penitenciario y en el que han estado desconectados de la sociedad. Este camino es especialmente complicado para aquellos que no tienen una familia o amigos que le apoyan o para los que no tienen formación o estabilidad económica

En una cárcel no tomas ninguna decisión, lo único que haces es seguir una rutina. Es un tiempo de desconexión con la sociedad.

Tras cruzar la puerta de la prisión, muchos de los que han pasado un periodo recluidos se encuentran desubicados. Allí dentro han estado fuera de su vida durante un tiempo, pero más allá de las paredes del centro penitenciario la vida ha seguido y todo ha evolucionado. Por esto al finalizar la condena y al volver a la sociedad supone una situación de crisis para ellos.

Algunos tienen la suerte de recibir la ayuda de familiares o amigos, pero otros se encuentran con problemas para poder integrarse en la sociedad o para algo tan básico para recuperar la vida autónoma como tener trabajo.

Con la intención de que vuelvan a su vida y encontrar su sitio en esta desubicación, desde la entidad social del Grec existe un programa para ayudarles y acompañarles. Se encuentran en una planta baja en el barrio de la Soledad de Palma. Bárbara Torres y Lorena Herrero, coordinadoras del proyecto, relatan esta invisible realidad que definen como una doble pena tras cumplir la dictada por el juez.

Tras sus más de quince años dedicados a ayudar a estas personas, explican que se han encontrado con todo tipo de situaciones, "hemos tenido gente que no sabe ni leer ni escribir, pero también gente que tiene una carrera universitaria".

El año pasado ellas y los demás trabajadores de esta entidad "acompañaron en este camino", según les gusta definir, a unas 270 personas con las que hicieron un seguimiento, también ayudaron puntualmente a otras 400 que se acercaron a este centro.

Relatan que existen factores de riesgo y factores de protección. Los de protección es tener una familia o un entorno, un trabajo, formación o una solvencia económica al terminar la condena. Los de riesgo es no tener experiencia laboral o formación, tener deudas, no tener un sitio en el que vivir, entre otros muchos factores que suponen que la salida de la cárcel sea todavía más complicada.

Lejos del objetivo real

"El objetivo de la cárcel no es castigar, el objetivo es la reinserción. Es muy diferente", explican las trabajadoras. "Tú lo que haces es sacar a alguien de la sociedad y desde aquí (la cárcel) tienes que trabajar para que esta persona vuelva y vuelva mejor, el planteamiento es complicado y si le sumas los pocos recursos actuales cada vez se hace más difícil que se cumpla esta función".

Texto completo en pdf adjunto.

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