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La vida en la cárcel tras ETA: deporte y universidad

31 de diciembre de 2017

Desde la puesta en marcha de la 'vía Nanclares', los 12 internos de la banda terrorista que cumplen condena en Alicante II han cambiado su actitud Ahora son más flexibles y se relacionan con el resto de presos. Uno de ellos ya tiene dos carreras y el resto una Pese a que ninguno ha renegado de la banda, sus actitudes ya no son las mismas

EL  MUNDO.ES – (GEMA PEÑALOSA, ALICANTE).- La 'vía Nanclares' -el itinerario que comenzó en el año 2011 al que se han acogido algunos presos de ETA y que pasa por el rechazo y el repudio de la violencia- ha supuesto un antes y un después para los internos etarras de un modo u otro; hayan o no renunciado a su pasado terrorista en la banda.

Muchos -entre ellos históricos y sanguinarios como U. S., 'Tx.' o 'La T.'- comenzaron a acogerse a beneficios penitenciarios tras plegarse a las condiciones: pedir perdón a las víctimas, desvincularse de la violencia, asumir el daño causado y, lo más difícil, colaborar con la Justicia. Otros no han dado el paso, no lo han considerado necesario pero su actitud se ha descafeinado.

Ya no es lo mismo que en los años duros, cuando llevaban una vida paralela a la del resto de la población reclusa y no dirigían la palabra a los funcionarios. Los doce etarras que cumplen sus condenas en la prisión Alicante II - entre ellos J. C. I. C., alias 'G.', a quien se le atribuyen 20 asesinatos- ya no son los de antes. La situación tampoco es la misma. Han sustituido sus miradas desafiantes por la corrección en el trato, se relacionan con el resto de internos (algo impensable años atrás), comparten patio y actividades con ellos y su relación con los funcionarios es mucho más fluida.

Son conscientes de que, de esta manera, su situación puede verse flexibilizada y conseguir el tan ansiado traslado a las cárceles del País Vasco, el fin último de todos ellos. Su tiempo en prisión lo han dedicado a estudiar. Todos cursan una carrera Universitaria (la mayoría ya la ha terminado) y uno de ellos tiene dos: Trabajo Social y Sociología. El resto de su tiempo lo emplean en hacer deporte en el polideportivo. Corren. Y lo hacen con el resto de presos comunes, con los que dialogan. Ya no es un problema para ellos.

Los doce presos de ETA cumplen condena en módulos en los que están internos de segundo grado pese a que ellos están considerados de primer grado, que implica el régimen más duro en la cárcel donde apenas se ve la luz del sol. Su día a día está a caballo entre los dos regímenes, según ha podido saber este periódico.

Por ejemplo son los únicos del módulo que están en celdas individuales, un rasgo característico de los primeros grados. En este régimen, los presos sólo pueden salir de sus celdas cuatro horas al día y no tienen relación con el resto. Bajan al patio de dos en dos. Ni siquiera van al comedor, son los funcionarios quienes les suben la comida a las celdas.

Con los etarras no sucede así. Su día comienza a las ocho de la mañana cuando bajan a por el desayuno. No lo toman en el comedor, se lo suben a sus celdas. Si no tienen actividad pasan allí la mañana estudiando. Sólo bajan a la escuela si tienen que hacer alguna consulta a los profesores. A las dos es la hora de comer. Y repiten la misma operación que por la mañana. Bajan al comedor y se suben la comida. Después, toca deporte. El polideportivo. Allí suelen correr y charlar con los otros reclusos. Así discurre una vida carcelaria cuyo fin último está puesto en el País Vasco.

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