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Un preso español denuncia torturas de Marruecos

21 de diciembre de 2017

El melillense F. A. M. sufrió descargas eléctricas, culatazos, puñetazos, patadas, ahogamiento simulado y suspensión de carnicería inversa durante días en el momento de su detención. El Gobierno español considera que las denuncias por malos tratos o torturas deben ser investigadas por "las autoridades locales". Su abogado, Francisco Serrano, sostiene que "la obligación de España es salvaguardar la seguridad de cualquier ciudadano cuya integridad física peligre". Hay 70 presos españoles encerrados en cárceles marroquíes y 173 casos de tortura documentados

EL DIARIO.ES – (ALEJANDRO ÁVILA).- El ahogamiento simulado está considerado por el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, una técnica "efectiva" de interrogatorio. El Congreso americano lo prohibió en 2015: puede provocar la muerte de la víctima y está considerada una técnica de tortura. Una flagrante violación de los derechos humanos. El Reino de Marruecos, "socio clave de Estados Unidos" en palabras de Washington, lo sigue practicando a discreción. Así lo denuncian las organizaciones de derechos humanos y así lo denuncia F. A. M., ciudadano español, condenado a diez años de prisión en Marruecos por narcotráfico. A. la ha sufrido en sus propias carnes. No fueron las únicas torturas a las que se vio sometido durante su detención en Casablanca (Marruecos) el 2 de febrero de 2015 

En la denuncia presentada al Gobierno de España, su abogado, Francisco Serrano, describe cómo "le cubrieron la cabeza con una capucha, desconociendo en todo momento el lugar donde se encontraba. Su familia no tuvo conocimiento de la detención hasta el día 6 de Febrero, cuatro días después. Tras la detención sufrió diversas torturas, tales como descargas eléctricas en sus testículos, golpes con la culata de un rifle, puñetazos y patadas en la cabeza y en la espalda. Incluso, en diversas ocasiones se orinaron en su cara. Después de las torturas descritas, lo amarraron a un solo tobillo y lo colgaron del techo (suspensión de carnicería inversa), permaneciendo en dicha postura varios días. Estuvo siete días sin comer, ya que no le proporcionaron alimento durante este periodo de tiempo".

A., en conversación telefónica con este diario desde la cárcel de Fez (Marruecos), añade la peligrosa técnica del 'waterboarding'(ahogamiento simulado) a la larga lista de torturas, así como las secuelas que sufre. "Me pusieron una especie de toalla, un saco, y me echaban agua (en la boca y la nariz) tumbado en el suelo. Me hicieron torturas de guerra. La pierna la tengo casi gangrenada, sufro cojera y tengo los vasos sanguíneos reventados. Tengo un testículo, descolgado e inflamado, que me duele. Tengo, además, una cicatriz en el labio, de cuando me pegaron con la culata de la pistola en la boca", explica la víctima. También ha perdido un diente incisivo, según el testimonio de su familia y su abogado.

Un certificado médico, firmado por un facultativo marroquí que tuvo acceso al preso en noviembre de 2016, acredita que sufre "una lesión en la extremidad inferior de la pierna izquierda". Es decir, en el tobillo. Según su hermana Newel, "nos costó mucho encontrarlo, porque lo tenían registrado como ciudadano marroquí, a pesar de que es español, lo que supone un tratamiento mucho peor". El letrado español que lo defiende denuncia también torturas psicológicas, como amenazarle con hacer daño a su familia (tiene mujer y dos hijos, que se encuentran en tratamiento psicológico) o acortarle las visitas. Según su familia, sufre secuelas psicológicas, como crisis de ansiedad o claustrofobia.

Condenado por narcotráfico "sin pruebas"

A. fue acusado y condenado por tráfico de drogas y posesión de armas "sin ningún tipo de pruebas que lo corrobore. A pesar de ser condenado por dichos delitos, en ningún momento se le incautó cantidad alguna de droga ni ningún arma de fuego", indica su abogado. Según la traducción de la sentencia aportada por el letrado, el Tribunal de Apelación de Marrakech lo condenó, el 11 de abril de 2016, por no denunciar "la ocurrencia de un crimen y la circulación de drogas a escala internacional, transportándola e importándola de manera ilegal", así como la posesión de "armas sin justificación legal".

Fue condenado a diez años de prisión y a una multa de 40.000 dirhams marroquíes (unos 3.500 euros). En el momento de la detención conducía un Porsche Cayenne y llevaba 20.000 euros en metálico. "Han desaparecido el Porsche, el Audi, mi ropa, dos relojes valorados en 18.000 euros y 20.000 euros", denuncia el propio F.. 

El Estado marroquí lo relaciona con el narcotraficante valenciano J. P. G., conocido como Pepito o Pepe de l'Alcúdia, investigado por el asesinato del cabecilla de una banda rival, al que supuestamente descerrajó un tiro en la nuca, y por el tráfico de unas 150 toneladas de hachís, según la Guardia Civil. P. G. fue detenido en Casablanca en marzo de 2015 en una operación conjunta entre la Guardia Civil y la Gendarmería Real, el cuerpo de seguridad marroquí acusado de torturar a F. En la operación se requisaron dos millones de euros y 1.280.000 dirhams (unos 115.000 euros).

F. es mecánico de barcos y tiene una empresa con sede en Marrakech bajo el nombre de Maritime Ship in Morocco. Fue condenado en España a tres años de prisión por traficar con decenas de kilos de hachís en el interior de su coche, cuando era transportado en ferry de Melilla a Málaga. Se fugó a Marruecos durante cinco años hasta que su causa prescribió. Durante ese tiempo, fundó su empresa de reparación de embarcaciones marítimas, según su propio testimonio.

Fuentes consultadas por este diario explican que F. es "mecánico de barcos. A lo largo de 2010, conoció a un español (el narcotraficante Pepito, al que F. conocía como Vicente) al que le hacía pequeños arreglos y le ofreció trabajar con él, a cambio de que le hiciera de traductor de árabe. Este hombre trabajaba en Marrakech y en diciembre de 2014, (la Gendarmería) entró en su casa, donde se encontraba su hermano y una gran cantidad de dinero. La vivienda estaba al lado de una vivienda de F. (Pepito) llamó a F. y le dijo que no fuera por allí. Luego, (el narcotraficante) se dio a la fuga. Por eso lo relacionaron con él". El preso español sostiene que no ha traficado con hachís: "Si me encuentran una sola llamada (que lo relacione con el narcotráfico), me inculpo a cadena perpetua".

Según una hermana de F., Nawal, "mi hermano jura y perjura que nunca se ha sentado a hablar de negocios ilegales con él, que sólo hacía negocios legales. Dado el origen árabe de mi hermano, le era más fácil acceder a (la compra) de un coche o de una casa. F. fue a Casablanca, para que (el narcotraficante) no pensara que él los había delatado. De camino para allá, (los gendarmes) lo sacaron bruscamente de su coche. Y, en vez de ponerlo a disposición judicial, le dieron un golpe, lo encapucharon y lo torturaron durante cuatro días". (...)

 

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