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Trabajará en un huerto ecológico

Voluntario, arrepentido e indemnizando: la nueva vida en prisión del asesino de Hipercor

8 de noviembre de 2017

El juez de Vigilancia Penitenciaria flexibiliza la condena a R. S. C., uno de los etarras con historial más sangriento de la banda terrorista ETA, que saldrá libre con una pulsera telemática

EL CONFIDENCIAL.COM – (ROBERTO R. BALLESTEROS).- El pasado 19 de junio se cumplieron 30 años desde que ETA asesinara a 21 personas e hiriera a otras 45 en el centro comercial Hipercor de Barcelona. Los miembros del denominado comando Barcelona colocaron un artefacto con 200 kilos de explosivos en el maletero de un Ford Sierra que habían robado previamente, colocaron el coche en el aparcamiento del hipermercado, avisaron a la Guardia Urbana y a la propia compañía —que no le dieron credibilidad y, por lo tanto, no desalojaron la superficie— e hicieron explosionar la bomba.

C. S. (30 de enero de 1945) era uno de los miembros del comando terrorista que planificó y ejecutó la masacre. Gallego de nacimiento, se introdujo pronto en los círculos antifranquistas cercanos a Comisiones Obreras. La policía le tenía fichado y por eso emigró al País Vasco en los años setenta. Allí comenzó a trabajar en una fábrica y se afilió al sindicato 'abertzale' LAB, donde entró en contacto con el entorno de ETA, primero, y con sus terroristas, después. Inició entonces una escalada de atentados sangrientos como la de pocos integrantes de la banda.

La Audiencia Nacional, de hecho, le condenó por el asesinato de dos policías y las heridas graves causadas a otras cuatro personas mediante coche bomba en octubre de 1986, por el atentado contra dos guardias civiles que causó la muerte a un hombre que estaba en una cabina en abril de 1987 y por la masacre de Hipercor, cometida apenas dos meses después, entre otras causas. Tras su sanguinario historial, sin embargo, C. S. inició un camino de arrepentimiento. Se adhirió a la 'vía Nanclares', que agrupaba a los presos etarras que se habían separado de la banda en la prisión alavesa con el fin de facilitar su reinserción, y mantuvo entrevistas con víctimas de sus atentados. En concreto, hace cinco años se vio con uno de los ciudadanos afectados por el atentado de Hipercor, Roberto Manrique.

Su buen comportamiento le permitió salir del centro penitenciario varios días de permiso y ahora le ha ayudado a que el juez de Vigilancia Penitenciaria de la Audiencia Nacional, José Luis Castro, le conceda la flexibilización de la pena en la fase final de su condena. En concreto, el magistrado ha estimado los recursos de C. S. y de otros tres etarras — A. B., J. U. y L. M. C.— con el visto bueno de la Fiscalía, una decisión que ahora pasa a manos de la Junta de Tratamiento de la prisión, que deberá decidir si pone una pulsera al exmiembro del comando Barcelona para que sea controlado telemáticamente u opta por imponerle un control presencial.

En su auto, el juez Castro destaca que el recluso ya ha cumplido gran parte de su pena, que durante el tiempo que ha permanecido encerrado ha tenido una buena conducta, que su relación con los funcionarios de la prisión ha sido "cordial, educada y correcta", que ha participado "con normalidad" en las actividades deportivas y formativas del módulo de respeto en el que ha residido, que no ha tenido incidentes con el resto de presos, que cuenta con "apoyo familiar" y que tiene unos "hábitos laborales consolidados". "Antes de su ingreso trabajó durante años como tornero", destaca el magistrado de la Audiencia Nacional, quien, sin embargo, descarta que se pueda dedicar ahora a ello dada su avanzada edad (72 años).

"El interno ha expresado por escrito su renuncia, rechazo y arrepentimiento por los hechos ocurridos, evidenciando así su desvinculación de la banda armada", añade Castro, quien resalta también que el recluso ha renegado de la violencia, ha sido expulsado de ETA tras manifestar su voluntad de separarse previamente, ha reconocido el daño causado y ha participado en actividades y talleres de tratamiento sobre terrorismo. Además, continúa, "ha participado en programas de reparación a las víctimas" y "ha solicitado el abono a plazos de la responsabilidad civil", lo que es entendido por el juez como "un gesto restaurador".

El magistrado recuerda que su última sanción data de hace 20 años, cuando protagonizó "un plante colectivo" junto a otros miembros de la organización terrorista. Desde entonces, "no ha vuelto a verse inmerso en más expedientes disciplinarios (...), se ha adaptado a la normativa del centro y ha aceptado las normas" de la prisión, donde "realiza actividades de auxiliar de limpieza" de forma habitual y cursos de formación, como el que acaba de terminar de informática.

Según el juez Castro, existe la posibilidad de que, tras salir de la cárcel, S. C. comience a desempeñar actividades organizadas por la asociación de reinserción Loiolaetxea vinculadas al voluntariado social, donde podría hacer tareas administrativas, acompañar a otros "iguales" en grupos de autoayuda o trabajar en huertos ecológicos durante cinco días a la semana en horario de mañana.

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