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Jubilados entre rejas

26 de octubre de 2017

Según los expertos, las cárceles españolas no están preparadas para el envejecimiento de la población reclusa. En nuestro país hay medio centenar de presos de más de 80 años. El número de presos mayores de 60 no deja de crecer. A la vuelta de unos años, muchas cárceles se habrán convertido en una suerte de geriátricos

LAS PROVINCIAS.COM – (IRMA CUESTA).- El 8 de mayo de 2015, A. R. C. asestó varias puñaladas mortales a la madre de sus hijos cuando la mujer se recuperaba en un hospital de Orense de un fuerte traumatismo craneoencefálico que le había provocado él mismo. Isabel acababa de salir de la UCI cuando su marido, 71 años recién cumplidos, se presentó en la habitación con un cuchillo de deshuesar jamones en la mano y la cosió a puñaladas. Dos años después, el pasado mes de julio, el hombre fue condenado por la Audiencia Provincial de Orense a 31 años de cárcel: 19 por asesinato consumado y 12 por intento de asesinato.

A. es uno más de la larga lista de mayores de sesenta años que ocupan las cárceles españolas, un porcentaje que ha pasado del 0,9% en 1985 al 3,8% este año, y que apunta a que, en un futuro no muy lejano, algunas cárceles se habrán convertido en una suerte de geriátricos en las que las revisiones de próstata y los pañales estarán a la orden del día. A eso, y a que es posible que, de no tomar medidas, a España todo este asunto le coja con el pie cambiado.

Concepción Yagüe, subdirectora general de tratamiento y gestión penitenciaria con el gobierno socialista de Rodríguez Zapatero y autora del estudio sobre el que se armó en 2011 un protocolo de atención integral a la ancianidad en el medio penitenciario, encabeza un nutrido grupo de profesionales que considera que, al margen de aplicar el sentido común, sería conveniente que los responsables políticos volvieran a poner el foco en las personas. «Sin duda hubo unos años en los que se intentó; en los que se hizo un esfuerzo después de que nuestra investigación pusiera sobre la mesa la necesidad de trabajar en esa dirección. Sin embargo, hace tiempo que hemos entrado en un periodo de inacción. Todo se está dejando morir: los programas para las unidades de madres, los módulos de respeto y, por supuesto, la atención a las necesidades específicas de los ancianos», asegura, lamentando el tiempo perdido.

Ignacio Gutiérrez, portavoz de la Agrupación de los Cuerpos de la Administración de Instituciones Penitenciarias (Acaip), tiene muy claro cuáles son los principales problemas con los que se encuentra el sistema penitenciario español a la hora de atender a los reclusos mayores. El primero, las estructuras arquitectónicas de las cárceles: «Solo hay que aplicar el sentido común para darse cuenta de que, tal y como están concebidas, es imposible. Que por mucho que uno quiera, un señor de 85 años no puede subir y bajar treinta y tantos escalones tres veces al día».

A la existencia de barreras arquitectónicas allá por donde uno vaya, Rodríguez suma la ausencia de profesionales sanitarios especializados en gerontología y la certeza de que los trabajadores penitenciarios no están formados para atender a personas mayores. «Estamos hablando de muchas cosas, desde la necesidad de tener un baño cerca, al hecho de que por ser mayor de 60 o 70 años uno no deja de tener derecho a tener sexo. Pues bien, los cuartos para los vis a vis no están preparados», asegura el portavoz sindical mientras lamenta que los trabajadores de prisiones carecen de un programa tratamental específico.

El hecho es que, según los últimos datos publicados por el Ministerio del Interior, de los 50.364 presos que ocupaban en junio de este año las cárceles españolas, 2.046 (1.906 hombres y 140 mujeres) tienen más de sesenta años.

Condenados fundamentalmente por haber cometido delitos contra la salud pública (un 37% en 2015), seguidos por los homicidios (un 15%), lo realmente sorprendente es que, según los analistas, se producen variaciones en la tipología de delitos entre los mayores de 60 y los mayores de 70: los primeros son más dados a atentar contra la salud pública mientras que los que han cumplido setenta son responsables de haberle quitado la vida a alguien.

Algunos de esos presos están en Alcázar de San Juan (Ciudad Real), la única prisión española que en algún momento de estos últimos años aspiró a convertirse en un centro especializado para condenados que hace tiempo que peinan canas. (...)

 

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