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Entrevista a Antonio Pacín, funcionario de Monterroso y Medalla de Bronce al Mérito Penitenciario: «Tener un trabajo remunerado en la prisión constituye un lujo»

13 de octubre de 2006

El funcionario de Monterroso empezó su cometido en la cárcel más conflictiva de España, la del Puerto de Santa María. Antes había trabajado en Bazán.

LA VOZ DE GALICIA (DOLORES CELA).- Antonio Pacín Otero es, desde hace doce años, el responsable de los talleres de la cárcel de Monterroso. La Dirección General de Instituciones Penitenciarias le acaba de imponer la medalla de bronce al mérito penitenciario por su dedicación en beneficio de la reinserción de los internos. La recibió de manos del propio ministro de Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, en un acto que se celebró en Madrid con motivo del día de la Merced.

-Es el reconocimiento a un trabajo en equipo. Funcionamos como una cadena en la que todos los engranajes son necesarios y si falla uno deja de funcionar.

-¿Cuántos reclusos acuden a los talleres?

-Están funcionando los de cableados, donde hay 67 y de ferralla y carpintería metálica donde están otros 51. Hacemos cableado para Valeo, que suministra a PSA. Suministramos ferralla a una empresa de As Pontes y en carpintería metálica hacemos encargos a medida para equipar centros: papeleras, mesas para comedores...

-¿Cómo funcionan?

-Se rigen por la normativa del Organismo Autónomo Trabajo Penitenciario y Formación para el Empleo. Se trata de preparar a los reclusos para que en el momento en el que salgan a la calle sepan lo que es trabajar. Como en cualquier empresa hay unos horarios. La jornada es partida, de nueve a una y de tres a siete. Tienen su descanso de veinte minutos para el café y funcionan con un sistema de distribución de trabajo similar a cualquier empresa.

-¿Cuánto cobran?

-Los salarios están ya estipulados y tampoco puedo decir una media de lo que ingresan porque depende de variables como la productividad. Entre ellos hay encargados, responsables de cada cadena de montaje y unos objetivos que cumplir. Estamos sometidos a controles estrictos de calidad y si no cumplimos con defectos 0 se nos sanciona. Todo el material que sale cumple con las condiciones que exige el mercado y los controles son muy estrictos. Hemos conseguido mantenernos, pese a la deslocalización de empresas y a la dura competencia del exterior.

-Supongo que será un centro de trabajo algo más conflictivo que el resto y en el que se manejan herramientas.

-Es el sitio menos conflictivo de toda la cárcel porque el que va a trabajar al taller lo hace para estar ocupado y ganar un dinero, por eso lo que menos desea son problemas. Hay que tener en cuenta que tener un trabajo remunerado en prisión constituye un lujo. A muchos, especialmente sudamericanos, en cuyos países el nivel de vida no es comparable al de aquí, el salario les permite no sólo afrontar sus propios gastos de café, tabaco y compras en el economato, sino que también pueden enviar una parte a su familia. Y, no es que cobre mucho.

-¿No pueden acceder todos a los talleres?

-Tienen que presentar una solicitud y cumplir una serie de requisitos legales que analiza la junta de tratamiento. Es significativo que el 30% de la población reclusa accede a trabajo remunerado.

-¿Cómo se consigue que no haya conflictividad?

-Existe disciplina y unas normas que si se incumplen pueden llegar a suponer la expulsión del taller. Las bases fundamentales son el orden y la limpieza, básicos para evitar accidentes e incidentes. Se les exige lo mismo que en cualquier otra empresa.

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