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Ángel Herbella, director del centro penitenciario de Alhaurín de la Torre: «Siento como un fracaso personal que un preso vuelva a delinquir»

19 de julio de 2011

Es un director de prisiones atípico, alejado por completo del estereotipo de alcaide gris de las películas. Es un hombre cercano que procura conocer a todos los funcionarios y a los internos que están a su cargo. Esta vez lo ha tenido más fácil. «Solo he tardado un día en presentarme». Lo dice porque ha vuelto junto a la que considera su «familia». Desde junio, Ángel Herbella (Santoña, 1971) es el responsable del centro penitenciario de Alhaurín de la Torre, un puesto que ya ocupó entre los años 2004 y 2006.

SUR (JUAN CANO).-

* ¿Es una vuelta a casa?

Sí, lo es. Nunca mejor dicho. Regreso muy ilusionado y con ganas. Me fui de Alhaurín con un recuerdo muy bueno de la plantilla, pese a los momentos complicados que vivimos. Hubo muy buen ambiente y eso, hablando de 500 personas, no es fácil.

* ¿Qué diferencia hay entre el Herbella que se fue de Málaga en 2006 y el que regresa en 2011?

Un profesional siempre debe estar aprendiendo. El que cree que lo sabe todo es un iluso. La diferencia es que he aprendido. Me he movido en otros puestos y responsabilidades, como la apertura del CIS o la gestión de todas las cárceles de España. Pero también vengo a aprender de los compañeros con más experiencia que yo.

* ¿Qué le han aportado sus etapas en la Dirección General y en el Centro de Inserción Social (CIS)?

La Dirección General te ayuda a enfocar los problemas desde un conocimiento global de la institución, y eso te da mayor madurez. Cuando estás en un centro solo ves tu ámbito y lo que lo rodea. El CIS fue un reto. Se consiguió abrir el centro de Málaga sin ninguna incidencia y ahora tiene 500 internos que están haciendo algún curso de formación.

* ¿Qué se siente cuando alguno de esos internos reincide?

Llegas a tener una relación íntima, sobre todo cuando has apostado por su reinserción. Cuando vuelven a cometer un delito siento que es un fracaso personal. No es del sistema, porque se han puesto todos los medios a su alcance. Es personal porque es alguien en quien has confiado, como cuando te defrauda un amigo.

* ¿Y qué diferencias ha observado entre la prisión que dejó y la que se ha encontrado ahora?

Por un lado, ha sido como un 'déjà vu', como volver de vacaciones y encontrarme las mismas caras, los mismos recuerdos; es una sensación en parte nostálgica. Por otro, los cambios han sido importantes. Tengo que agradecer su gestión a los directores que han pasado por aquí; cada uno ha aportado su grano de arena para que el centro siga avanzando.

* La prisión acoge a 1.300 internos y 500 funcionarios. ¿Se siente como el alcalde de un pueblo?

Más que eso; somos bastante más grandes que muchos pueblos. Es como una ciudad de casi dos mil habitantes, con las particularidades que tienen estas personas, que han llegado al pozo de sus vidas y que te plantean muchas demandas, o que simplemente quieren ser escuchadas. Es como un alcalde de un pueblo cuyo trabajo es, permanentemente, oír a sus vecinos.

* Parece un peso muy grande. ¿Se lleva a casa esa carga?

Los problemas personales o determinados incidentes, sí. Ya estuve aquí y sé lo que supone. Es una responsabilidad para un funcionario público asumir esa carga con orgullo.

* ¿Se han solucionado los problemas de saturación de Alhaurín?

Cuando estuve la primera vez se hablaba de masificación, pero no era así. Hubo un pico en 2008 en el que se llegó a 1.800 reclusos, que era una barbaridad muy difícil de gestionar. Ahora hemos bajado a los niveles de 2004, incluso por debajo. 1.300 internos siguen siendo muchos, pero no se puede hablar de masificación, ya que el centro puede llegar a 1.500.

* El pasado verano la cárcel tuvo serios problemas en el suministro de agua. ¿Se han solucionado?

Hasta ahora no hemos tenido ningún incidente. Se ha adjudicado ya un proyecto, que se ha empezado a ejecutar, para construir un segundo aljibe que solucionara definitivamente los problemas de abastecimiento.

* ¿Qué proyectos tiene a la vista?

El principal objetivo es que los reclusos, cuando salgan en libertad, no vuelvan a un centro penitenciario. Parece una utopía, pero es por lo que debemos luchar. El segundo, la necesaria apertura de la prisión a las instituciones y a la sociedad. Todos saben que existe, pero nadie quiere oír hablar de ella. Este es un problema de casa, de la sociedad, que es la casa de todos, que debemos afrontar y al que no podemos dar la espalda. También hay proyectos iniciados que deben consolidarse, como la apertura de una oficina judicial dentro de la cárcel, lo que resolvería problemas de notificaciones, traslados de presos peligrosos... En primer lugar, permitirá que agentes judiciales y funcionarios de prisiones compartan información, y que muchas notificaciones o diligencias con internos se hagan aquí en vez de en la Ciudad de la Justicia. Las salidas se reducirán un 40%.

* ¿Y cómo se harán las diligencias sin que el preso salga de la cárcel?

Con medios tecnológicos que, además, ya tenemos, como la videoconferencia. También queremos potenciar la telemedicina, lo que facilitaría hacer consultas a especialistas en hospitales sin tantos traslados.

* ¿Cómo están funcionando los módulos de respeto en la prisión?

Muy bien. De hecho, uno de mis objetivos es implantar esos módulos de respeto en los más conflictivos, como son el once o el trece, donde se hallan los reincidentes.

* ¿Y qué se está haciendo para combatir el consumo de droga?

No es que sea un problema especialmente sensible en este centro, pero existe, como en todas partes. Hemos adoptados medidas de seguridad que están dando muy buenos resultados a nivel de incautaciones.

* ¿Hay menudeo en la prisión?

Hay menudeo en todos los barrios de Málaga y en la cárcel también. Hay una oferta y una demanda; el trabajo de los funcionarios es reducirlas al mínimo posible. Estamos colaborando con la Guardia Civil, que viene tres veces al mes con unidades caninas de detección de drogas.

* ¿La cárcel necesita una reforma?

La cárcel necesita lo que va a venir, que es la prisión de Archidona. Va a ser un centro tipo.

* ¿Cuándo estará terminada?

Para finales del año que viene. Será un alivio para la cárcel de Alhaurín y para los malagueños que están en centros limítrofes, que podrán cumplir condena en su provincia.

* ¿Cuántos reclusos se verán beneficiados por ese traslado?

No tengo el dato con seguridad, pero pueden ser en torno a dos mil.

(...)

* ¿Qué es lo peor que se ha encontrado en la cárcel?

La mirada de una madre cuando su hijo tiene que ingresar en prisión porque ha cometido un delito.

* ¿Y lo mejor?

Las personas que ingresan en una situación lamentable, enganchadas a la droga, que han seguido programas de desintoxicación y han logrado salir; cuando te las encuentras en la calle trabajando, con una vida normal e incluso presentándote a sus hijos, la satisfacción es enorme. Luego está la parte contraria, gente que sale, se vuelve a juntar con sus amigos de siempre y muere por sobredosis.

* ¿Cuál es la parte más difícil de la reinserción?

Precisamente ese momento en el que sales por la puerta de la cárcel. Lo más difícil es que una persona privada de libertad supere los miedos que el aislamiento y la sociedad le han impuesto, así como escapar de ese ambiente social y familiar. El día siguiente tras salir a la calle es el más importante para enganchar a una persona de nuevo a la sociedad.

* ¿Mantiene el contacto con reclusos cuando quedan en libertad?

Sí. Me han invitado a bodas, comuniones o bautizos. El mes pasado, una persona a la que tengo gran cariño vino con su mujer y con su hijo de dos días para que lo conociera. Tengo casos diarios de antiguos presos que me encuentro en la playa, en una cafetería o en la calle. Soy vecino de una pareja extraordinaria que se conoció en prisión, se casó y tiene una niña. Es gratificante compartir parque con ellos. Son un ejemplo.

* ¿Hay casos perdidos?

Todas las personas se merecen que luchen por ellas, pero es importante no ser demagógico. Hay que diferenciar entre los productos creados por la sociedad, como yo los llamo, que se han visto arrastrados por un ambiente marginal, de aquellas personas que ordenan sus vidas en torno al delito. No soy utópico. Los que cometen delitos graves y execrables deben cumplir su condena, aunque también hay tratamientos para ellos dentro del sistema penitenciario.

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