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Cucarachas en el oído (Artículo sobre las cárceles marroquíes)

22 de noviembre de 2008

EL FARO DIGITAL (JAMAL OUAHBI).- Para la mayoría de los marroquíes, las cárceles del país no son más que un meollo de corrupción, soborno, drogas y enfermedades contagiosas. Los centros penitenciarios del país reflejan cada día la situación tan peligrosa que padecen los reclusos dentro de estas instituciones.

Los distintos informes de prensa nacional y de oenegés informan que las cárceles del país contienen el doble de su capacidad de presos, lo que significa que estos centros penales albergan todos lo males habidos y por haber, producto de esa masificación. Las oenegés reciben a diario decenas de denuncias sobre malos tratos y prácticas de tortura por parte de los vigilantes, además del hacinamiento en las cárceles donde el número de presos supera los 69.000, mientras que la capacidad de alojamiento de todas las cárceles del país es de unos 20.000, según las estadísticas oficiales.

El ministro de Justicia, Abdeluahid Radi, declaró recientemente en el Parlamento marroquí que en el presupuesto de 2008 de su departamento y ante el deterioro de algunas cárceles y la subida del número de internos, está previsto construir 20 nuevos complejos penitenciarios.

Cuando los presos marroquíes viven en cárceles donde las condiciones de vida son “muy lamentables” en materia de alimentación, higiene y salud otros aprovechan para montar sus propios negocios dentro de dichos centros, desde la venta de drogas, el tabaco, tarjetas de recarga de telefonía móvil, hasta casi un mini mercado montado por algunos salafistas en algunos centros.

Así las cosas, los salafistas e islamistas encarcelados están convirtiendo últimamente sus celdas en emiratos privados. Hace unos meses, un salafista consiguió meter a su novia escondida en una bolsa hasta su propia celda sin ser descubierta por los vigilantes de la cárcel.

Famosas han sido también las noticias que han reflejado la estancia entre rejas de conocidos delincuentes que han podido permitirse determinados lujos gracias al manejo de dinero dentro de la cárcel. Según fuentes dentro de la cárcel de Tánger “Sat Vilage”, el soborno, la heroína y las enfermedades sexuales “arrasan” en dicho centro.

Esta situación llamó la atención de la ministra de Salud, Yasmina Baddu, que afirma que su ministerio desplegó esfuerzos en favor de la salud penitenciaria mientras que la prisión de de Inezgan (sur del país) que aloja 1.400 presos no dispone de ningún médico.

La mayoría de las cárceles marroquíes carecen de bibliotecas, campos de deportes o de algunas actividad de ocios. La vida de los presos se limita a comer y dormir y al consumo de drogas que se venden libremente y en abundancia bajo los ojos de los responsables. Las cárceles constituyen un mercado propicio a toda clase de comercios que comienza con el “jefe de habitación” y termina por la administración: los precios de conseguir un buen lugar para dormir en una celda varían según el área y el sitio en la celda. La vida diaria de muchos prisioneros es la represión, la injusticia y las peores formas de discriminación.

CUCARACHAS EN EL OIDO

Un total de 219 españoles, de los que 26 son mujeres, cumplen sus condensa en las distintas cárceles de Marruecos, la mayoría de ellos acusados de un delito de tráfico de drogas y con penas menores a los cinco años de prisión, según los últimos datos facilitados por el Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación, correspondientes al 31 de octubre de 2008.

De ellos, más de la mitad de los internos cumplen condena en la prisión de Tánger, una cárcel en la que los reclusos viven hacinados, con falta de higiene y sin acceso al agua caliente, según varios los sucesivos informes de Amnistía Internacional y Asochofer, la asociación que agrupa a conductores y camioneros, uno de los sectores con más integrantes en las cárceles de Marruecos acusados de traficar con drogas.

El penitenciario tangerino, popularmente conocido como ‘Sat Vilage’, cuenta con el doble de reclusos de lo que su capacidad permite. Tras él, se sitúan por número de españoles encarcelados, la cárcel de Tetuán, con 48 españoles 18 de ellos son de Ceuta, seguido por la cárcel de Nador, con 17, Casablanca, donde hay siete, la de Rabat, con 6, y finalmente, la prisión de Agadir, con un dolo español, según las cifras oficiales del departamento de Interior.

Los presos ceutíes lo están por su incriminación en delitos relacionados con el tráfico de drogas o el de inmigrantes. Se trata de jóvenes que han sido detenidos cuando intentaban cruzar el paso del Tarajal y fueron interceptados por las fuerzas de seguridad marroquíes con droga oculta en dobles fondos o con algún inmigrante irregular.

Según explica un prisionero español a ‘El Faro’, la cárcel de Tánger es un verdadero infierno, “en la mayoría de las noches me levanto del sueño histérico y con un miedo de muerte al sentir las pequeñas cucarachas entrando en mi oído”, comenta el recluso andaluz.

Por este motivo los detenidos marroquíes en España siempre rechazan la oferta de las instituciones españolas de cárceles de trasladarse a Marruecos para pasar la mitad de la condena. En España hay cerca de seis mil reclusos marroquíes, pero ninguno quiere trasladarse a su país.

La situación de las cárceles en Marruecos es terrible, las asociaciones de derechos humanos exigen la mejora de los recintos penitenciarios y el juicio de contra unos funcionarios supuestos responsables de algunas muertes entre rejas. La última de ellas ocurrió en la cárcel de Fez después de que unos funcionarios dejaran al recluso Buchta Budali sin ropa, sin comida y esposado durante tres días hasta que murió. Una foto hecha por el teléfono móvil de otro recluso hizo estallar el escándalo en este caso. La administración de la cárcel quiso, como siempre, tapar el asunto.

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